¿Y ahora qué?. Posibles salidas en una profesión tensionada

Por Nelson W. Adrian S.

Después de recorrer la pérdida de identidad profesional, la fragmentación disciplinar y el colapso formativo que afecta a la Kinesiología en Chile, la pregunta ya no es diagnóstica.
La pregunta es inevitablemente terapéutica: ¿tiene solución esta crisis?

La respuesta honesta no es cómoda, pero sí esperanzadora:
sí hay salidas, pero no son únicas, no son rápidas y no dependen de una sola decisión ni de un solo actor.

Y, sobre todo, no dependen exclusivamente del Estado, ni del mercado, ni de una reforma milagrosa. Dependen de capas de acción, algunas posibles hoy mismo, otras estructurales y complejas, que requieren tiempo, voluntad política y presión colectiva sostenida.


Lo que muchos proponen (y por qué no es tan simple)

Una de las ideas que más se repite —y que incluso muchos compartimos en lo conceptual— es cerrar o congelar el acceso al pregrado en Kinesiología durante varios años.

Desde un punto de vista técnico y sanitario, el argumento es sólido: menos programas, menos sedes, menos egresados, mayor regulación y, en teoría, mayor calidad formativa.

Sin embargo, es fundamental ser intelectualmente honestos.

Esta medida no depende de los kinesiólogos, ni del Colegio Profesional, ni siquiera de las universidades de forma aislada. Depende de políticas ministeriales, marcos regulatorios, intereses económicos instalados y decisiones estructurales que hoy no están en manos de la profesión.

Convertir esta idea en la única salida posible tiene un riesgo importante: la parálisis colectiva.

Cuando una profesión deposita toda su esperanza en una solución que no controla, deja de actuar en los espacios donde sí tiene margen de maniobra. Y una profesión inmóvil se precariza aún más.


Entonces, ¿qué sí es viable en el corto y mediano plazo?

Más allá de las reformas estructurales, existen acciones reales, posibles y urgentes, que no requieren cambios legales inmediatos, pero sí cambios profundos en prácticas, incentivos y cultura profesional.

1. Elevar el estándar interno (aunque incomode)

La sobreoferta profesional es un hecho, pero no todos los profesionales son equivalentes, ni clínica ni conceptualmente.

Invertir en razonamiento clínico, comprensión de evidencia, comunicación terapéutica y toma de decisiones complejas no es elitismo. Es una forma de supervivencia profesional en contextos saturados.

La diferenciación no vendrá por certificados acumulados, sino por capacidad de pensar, decidir y explicar.

2. Dejar de competir solo por precio

Cuando una profesión entra en una lógica de competencia basada únicamente en quién cobra menos, el resultado está escrito: pérdida de valor, desgaste y banalización del rol sanitario.

La salida no es “trabajar más barato”, sino hacer visible el valor clínico real: medir resultados, documentar procesos, justificar decisiones y comunicar impacto en la vida de las personas.

3. Recuperar la identidad profesional

La Kinesiología no es un conjunto de técnicas, ni un catálogo de cursos, ni una suma de modas terapéuticas.

Es una disciplina de las ciencias de la salud con un cuerpo de conocimiento propio, con un rol específico dentro del sistema de salud.

Mientras no volvamos a definir con claridad qué hacemos, qué no hacemos y desde qué marco conceptual, otros seguirán ocupando ese espacio narrativo por nosotros.

4. Formación continua con criterio (no por acumulación)

La inflación de diplomados y certificaciones no ha mejorado proporcionalmente la práctica clínica.

Necesitamos menos formación fragmentada y más procesos formativos profundos, integrados, coherentes con la evidencia y con el funcionamiento real del sistema de salud chileno.

Formarse no debería ser una carrera armamentista de credenciales, sino un proceso estratégico.

5. Comunidad y conversación adulta

Lo ocurrido con esta serie es ilustrativo. Cuando se habla con datos, sin consignas, sin simplificaciones y sin infantilizar el debate, la profesión responde.

La conversación crítica, informada y respetuosa no debilita a la Kinesiología: la fortalece.

El silencio, en cambio, ya no es una opción.


Y a largo plazo, lo que sí debe discutirse (aunque incomode)

Si realmente aspiramos a una solución estructural, tarde o temprano habrá que abordar temas que generan resistencia, pero que son ineludibles:

  • Regulación efectiva de programas y sedes
  • Estándares curriculares nacionales mínimos
  • Requisitos de ingreso más exigentes
  • Profesionalización de la docencia clínica
  • Integración real con el sistema público de salud
  • Planificación sanitaria basada en necesidades poblacionales y no solo en mercado

Nada de esto es inmediato.
Pero no discutirlo equivale a aceptar el deterioro como destino.


Cierre

Esta serie de reflexiones personales, en tiempos de crisis, no tuvo como objetivo destruir la Kinesiología chilena. Tuvo un propósito más exigente: obligarnos a mirarla de frente.

La crisis que vivimos no es solo laboral ni económica. Es una crisis de identidad, de estructura y de proyecto colectivo.

Pero las profesiones no desaparecen cuando entran en crisis. Desaparecen cuando dejan de pensarse críticamente.

Si algo queda claro tras estas cuatro partes, es esto: la Kinesiología aún puede reordenarse, pero no desde la nostalgia ni la queja, sino desde la responsabilidad colectiva, la evidencia y el pensamiento crítico.

La conversación no termina aquí.
Recién comienza.


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