La identidad perdida de la Kinesiología
Por Nelson W. Adrian S.

La crisis que atraviesa hoy la Kinesiología chilena no solo está en sus condiciones laborales ni en la precariedad estructural del sistema de salud. Hay un problema más profundo, más silencioso y más difícil de aceptar: la profesión perdió su identidad.
Y lo más inquietante es que esta pérdida ocurrió de manera progresiva, casi imperceptible, hasta el punto de que muchos colegas ya no logran describir con claridad qué es lo que realmente nos define como disciplina.
Durante años, la Kinesiología intentó afirmarse en el mundo profesional definiéndose por lo que no era: no medicina, no enfermería, no entrenamiento deportivo, no terapia alternativa. Esa negación permanente abrió espacio para que nuestra identidad se reconstruyera desde lugares que nunca debieron ocupar el centro: las técnicas, los métodos y las etiquetas comerciales.
1. Cuando la técnica reemplaza a la profesión
Hubo una época —no tan lejana— en la que era habitual escuchar colegas presentarse no como kinesiólogos, sino como representantes de una técnica específica:
“Soy Mulligan”,
“Soy Kaltenborn”,
“Soy Kinesiotape”,
“Soy Punción Seca”,
“Soy Electrólisis”,
“Soy Maitland”.
De pronto, la herramienta se convirtió en la identidad, y la identidad se redujo a una “modalidad” terapéutica.
El problema no es que estas técnicas existan; el problema es que algunas:
- carecen de evidencia sólida,
- se enseñan como dogmas,
- se convierten en discursos de marketing,
- y reemplazan la necesidad de razonamiento clínico, que es el verdadero corazón de cualquier profesión científica.
Cuando una disciplina se define por lo que aplica, y no por cómo piensa, inevitablemente se fragmenta.
2. La fuga identitaria: cuando lo externo parece más valioso que lo propio
La pérdida de identidad interna también abrió otro fenómeno:
la migración hacia profesiones paralelas como intento desesperado de llenar un vacío conceptual.
Muchos kinesiólogos buscaron refugio en:
- quiropraxia,
- osteopatía,
- terapias alternativas,
- coaching holístico,
- medicina complementaria.
Casi siempre por las mismas razones:
- Validación profesional insuficiente desde la Kinesiología.
- Formación de base débil y poco integrada con evidencia moderna.
- Falta de un relato propio que explique quiénes somos y qué hacemos.
Pero la realidad es simple: en Chile, la única identidad profesional legalmente reconocida es la Kinesiología.
Todo lo demás son herramientas, diplomados, cursos o prácticas complementarias, pero no reemplazos de la profesión.
3. No es solo el área musculoesquelética: los problemas son transversales
En el área respiratoria se observa otro tipo de distorsión identitaria:
colegas intentando apropiarse de funciones que corresponden al acto médico.
Ejemplos frecuentes:
- sugerir medicamentos,
- modificar parámetros ventilatorios sin autorización,
- interpretar diagnósticos fuera de su marco legal.
No es mala intención: es inseguridad profesional generada por un sistema que aún no define con claridad los límites, las competencias y la narrativa del rol kinésico.
En el área deportiva, en cambio, la identidad se diluye al extremo contrario: kinesiólogos convertidos en entrenadores personales, confundiendo fitness con rehabilitación.
Y en la percepción pública, el daño está hecho hace décadas:
para muchos pacientes —y peor, para otros profesionales de la salud— seguimos siendo:
- “los del masaje”,
- “los del calor”,
- “los del ejercicio”.
Una profesión cuya identidad es confundida constantemente es una profesión cuya autoridad clínica se erosiona.
4. La Terapia Física moderna no cabe en esa identidad reducida
La identidad actual de la Terapia Física no tiene relación con técnicas ni con aparatos.
La versión moderna, basada en evidencia, exige dominios complejos:
- razonamiento clínico avanzado
- neurociencia del dolor
- ciencias del movimiento
- comportamiento humano
- comunicación terapéutica
- modelamiento de incertidumbre
- intervención basada en procesos, no en síntomas
- integración tecnológica
Esto somos.
O más bien, esto podríamos ser si la identidad fuera clara, coherente y compartida.
5. Una profesión sin relato común es una profesión que otros definen
Hoy, la identidad de la Kinesiología chilena es un rompecabezas roto:
- el mercado define qué es un kinesiólogo,
- las técnicas definen la identidad,
- las redes sociales moldean el imaginario,
- la formación es desigual,
- el sistema de salud nos trata como operadores,
- y la profesión no ha generado un relato propio y moderno que ordene todo lo anterior.
Ese vacío se siente en cada área, en cada conversación gremial y en cada decisión que tomamos.
6. La raíz del problema no está solo en la Kinesiología: está en el país
En la Parte 3 exploraremos un punto crítico:
la crisis cognitiva y formativa del sistema educacional chileno que condiciona todo lo que viene después.
Desde la comprensión lectora a la capacidad de pensamiento crítico, desde el ingreso a la educación superior hasta la multiplicación desregulada de escuelas de Kinesiología.
No se puede construir una profesión científica sobre una base que no prepara para pensar científicamente.
Y ese es el tema central de la próxima entrega.
Parte 3: La fragilidad formativa — el origen oculto de nuestra crisis
Disponible pronto en Entropía Clínica.


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